Luis Suárez terminó frustrado el partido ante el Málaga | EFE

Luis Suárez termina a gritos en el Barça (y te contamos con quién)

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El uruguayo monta un pollo en el vestuario culé

22 de octubre de 2017 (10:57 CET)

El peor inicio. Luis Suárez volvió a irse sin marcar en el partido que este sábado enfrentó al FC Barcelona y al Málaga en el Camp Nou.

Con el de ayer, ya son nueve partidos de sequía de los 12 que ha disputado esta temporada. 14 si contamos la Supercopa de España.

Los peores números

A estas alturas, tanto el año pasado como el anterior sumaba ya nueve tantos respectivamente, mientras que en su primera temporada en el Barça, en la 2014-15, sumó cuatro goles en sus primeros 12 partidos. Cabe recordar que entonces se perdió los dos primeros meses de competición por la sanción de la FIFA en el Mundial de Brasil.

Esta temporada, en cambio, el uruguayo anotó ante el Espanyol, el Girona y el Atlético de Madrid, pero en el resto de partidos se marchó del terreno de juego con el casillero vacío. Pese a jugarlo absolutamente todo y tener ocasiones de todos los colores.

Y el partido de ayer fue la gota que colmó el vaso. Luis tuvo más de una ocasión a puerta vacía, mientras que Leo Messi no dejó de buscarle en todas las aproximaciones al área. Pero Suárez ni estaba bien colocado, ni calibró en ningún momento donde estaba la portería, errando así ocasiones imperdonables.

El jugador es consciente de su mala racha y así lo demostró cuando Ernesto Valverde decidió sustituirlo a diez minutos del final por Paco Alcácer.

Suárez se marchó cabizbajo y serio, y al margen de un breve choque de manos con el valencianista, ni levantó la vista ni para mirar al míster ni para agradecer a los aficionados la ovación que, a pesar de su mala actuación, le dedicaron por el esfuerzo. Todo ello culminado con una patada al aire antes de sentarse en el banquillo.

A gritos

Pero el cabreo del ‘cazador’ no terminó ahí. El sudamericano llevaba un mosqueo bestial por no haber marcado y lo exteriorizó en el vestuario con varios gritos de rabia. El delantero estaba cabreado consigo mismo y dejó ir su ira, montando un lío bestial que hizo retumbar los cimientos del Camp Nou.

El delantero sabe que vive del gol, y que la meta es su razón de ser en el terreno de juego, y no soporta una mala racha tan grande como la que está viviendo.