Luis Enrique no perdona que Messi le raje por la espalda

stop

El paso del tiempo y el fuerte carácter de ambos invita a pensar en un divorcio prematuro

La carantoña entre Messi y Luis Enrique, con todas las miradas pendientes | Miguel Ruiz - FCB

04 de enero de 2017 (00:22 CET)

Amor-odio. Es en lo que se ha convertido la relación entre Lionel Messi y Luis Enrique Martínez. Dos fuertes personalidades que chocan.

Cada vez más odio. Y menos amor. La cabezonería, la poca facilidad para aceptar órdenes de otros y sus caracteres poco empáticos son el móvil del crimen.

El ejecutado, a menos que cambien mucho las cosas –algo que es frecuente en el Barça, siempre dependiente del resultadismo–, será Luis Enrique.

El ejecutor, autor de la maniobra que conduce a la colisión, Messi. ¿Cómo? Con rajadas cada vez menos disimuladas a espaldas del técnico.

Mutuamente hartos

Han habido muchos amagos de buen rollo entre ambos. Y es cierto que sienten algo parecido a un afecto mutuo. Pero en el día a día no se tragan.

Ellos pueden ser amigos desde la distancia. Y después de dos años y medio en el mismo barco, han llegado a la conclusión de que están demasiado enganchados.

Luis Enrique está harto. No se siente a gusto bailando siempre al son de Messi. Cantando siempre lo bueno que es y mordiéndose la lengua sobre las cosas que no le gustan (que las hay).

El técnico, cada vez nota más el rechazo del grupito de amigos de Messi. Salvo Mascherano, todos consideran que es un "pesado" y/o un "ogro".

Tiempos de cambio

No tiene remedio. El fuerte carácter de Lucho es su perdición. Suele pagar sus malas pulgas con la prensa porque con los cracks tiende a morderse la lengua.

Pero no solo con los futbolistas tiene problemas. Luis Enrique es una persona que no gusta como jefe. Es autoritario y, aunque pide opinión, es demasiado frío como para hacer que sus ayudantes –especialmente los menos directos– se sientan reconocidos.

El divorcio entre Lucho y Messi es inminente en vísperas del segundo aniversario de su primer gran enfado. Aquél que reconoció públicamente Jeremy Mathieu.

Aquella discusión desató una crisis en el barcelonismo. La resolvió el presidente Josep María Bartomeu. El mismo que en verano debe decidir sobre la continuidad de Lucho.