Lío interno en la junta del Barça por Can Rigalt

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El laudo arbitral impedirá que los números económicos de la pasada temporada sean brillantes

La junta directiva del Barça

11 de julio de 2016 (10:34 CET)

La reciente decisión judicial de revertir la operación de compra de los terrenos de Can Rigalt ha provocado una ácida controversia en la cúpula del FC Barcelona. Esos terrenos fueron vendidos por Joan Laporta a La Llave de Oro en el año 2005. Gracias a esa venta, el club presentó unos beneficios extraordinarios, salvó los números y la junta directiva pudo dejar de avalar su gestión.

Pero once años más tarde, La Llave de Oro no pudo realizar la urbanización que pretendía, aunque por causas ajenas al Barça: por un lado, Fecsa no soterró las líneas eléctricas en los terrenos. Por otro, el Ayuntamiento de L'Hospitalet tampoco acometió las obras de urbanización de los terrenos ni puso en marcha el plan parcial al que se había comprometido. El laudo arbitral, sin embargo, también cita al club como responsable, aunque poco pudiera haber hecho éste.

Lo cierto es que, en estos momentos, se tiene que deshacer la operación y el Barça debe pagar 30 millones de euros por los terrenos, lo que se come literalmente todos los beneficios que pensaba tener en este ejercicio.

Jordi Moix

Lo malo es que el auditor considera que esa operación es imputable al ejercicio que terminó el 30 de junio pasado y cita el tema como un hecho relevante, lo que ha sentado como un jarro de agua fría en la cúpula culé. De poder imputar el gasto al ejercicio del 2016/2017, la temporada hubiese estado salvada. "El club tiene que recomprar y deshacer contablemente el beneficio de hace 11 años, por lo que ya veremos si tenemos beneficios", admite a GOL un miembro de la junta directiva.

Pero el malestar en la cúpula blaugrana también se dirige contra Jordi Moix, responsable de Patrimonio. Durante los últimos años, el propio Moix había explicado el tema varias veces en las reuniones de la junta y siempre había mantenido que no habría riesgo para el club. Por si fuera poco, aseguraba que era amigo del propietario de La Llave de Oro y que el conflicto se solucionaría de manera satisfactoria para todos pero, especialmente, para el Barça, que no tenía nada que ver con que no se hubieran creado las condiciones estructurales para que la compañía inmobiliaria pudiese construir en Can Rigalt.

 

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