La victoria del Barça en Sevilla tapa el drama oculto de la plantilla

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Los hombres de Luis Ernrique arrastran una serie de problemas que complican la temporada

André Gomes todavía no se ha ganado al vestuario | EFE

07 de noviembre de 2016 (19:48 CET)

El FC Barcelona volvió a ganar tras la mala imagen que dejó en el segundo tiempo contra el Manchester City. Venció en Sevilla (1-2), pero no convenció. A pesar de los titulares majestuosos que la prensa deportiva dedica este lunes a Leo Messi y de los elogios sin parangón que se han podido escuchar en distintas cadenas de radio y televisión. La realidad es que el Barça de Luis Enrique se tambalea. Está todavía muy lejos de su mejor versión, que aparece en cuentagotas.

Ya van casi tres meses de competición desde que se disputó la Supercopa de España y arrancó la Liga el pasado mes de agosto. En este tiempo, el Barça solamente rozó la perfección contra 11 en el primer tiempo en el Etihad Stadium, que terminó fatal para los azulgrana (3-1). La posterior victoria contra los de Jorge Sampaoli sirvió para sumar tres puntos muy difíciles al casillero; pero, sobre todo, para ocultar un drama oculto en la plantilla del Barça.

La planificación deportiva, una vez más, deja dudas importantes. Da la sensación de que el equipo –cuya masa salarial rondará los 460 millones de euros sumando a todos los sueldos deportivos las amortizaciones de fichajes– depende demasiado de la inspiración de Messi. De que está incompleto. Sergi Roberto es un buen lateral, pero no es el titular indiscutible que pretende Luis Enrique. Busquets está mermado físicamente y no tiene relevo de garantías en la plantilla.

Demasiado dinero

También se notan las ausencias de Iniesta y Piqué, posiblemente los mejores jugadores del mundo en su posición, como lo es Messi en la delantera. Pero el problema no es solo que falte Piqué –que evidentemente es un problema–, sino el bajón que se le nota a Mascherano. No es solo que falte Iniesta, sino el criterio de Luis Enrique para asignar a su relevo: Rafinha, que venía de encadenar varias jornadas soberbias, jugó cinco minutos. Denis Suárez y André Gomes pasaron por delante.

Y lo que no se puede permitir un club como el Barça es esta dependencia tan fuerte de los estados anímicos de sus estrellas. De si Messi se siente motivado o no. No lo estuvo en Manchester, ni tampoco en el primer tiempo en el Sánchez Pizjuán. Luego, se puso las pilas y cambió el partido. Pero estos 22 jugadores se reparten más de 300 millones de euros en salarios. Demasiado dinero como para no salir motivados a todos los partidos.