El Mundial de Clubes abre una crisis en el Gobierno de Marruecos

El ministro de Deportes de Marruecos, Ouzzine, y dos jugadores del Cruz Azul

La oposición y la opinión pública marroquí exigen el cese del ministro de Deportes, Mohamed Ouzzine

Por Juan Carlos Pasamontes
28/12/2014 11:18

El Grand Stade de Marrakech era una caldera hirviendo de madridismo, el martes 16 de diciembre. Los trenes procedentes de Rabat llegaron aquel día abarrotados de gente desde primeras horas de la mañana, hasta bien entrada la tarde. Cuarenta y ocho horas antes la FIFA había decidido trasladar la primera semifinal del Mundial de Clubs, entre los mexicanos del Cruz Azul y el Real Madrid (0-4), de la capital, al sur del país. A 323 kilómetros de distancia por carretera. Minutos antes de que el chileno Osses decretase el inicio del partido, el coliseo marraquechí clamaba desde las gradas.

Nadie que no fuera o tuviera conocimientos de árabe, se percató de lo que sucedía. El estadio, como un solo hombre, la estaba emprendiendo a gritos con el ministro de la Juventud y el Deporte, Mohamed Ouzzine, y con el presidente de la Real Federación de Fútbol de Marruecos, Ali Fassi-Fihri. Les llamaron de todo menos bonitos: “ladrón”, “fuera”, “iros ya”, fueron algunas de las lindezas que les dedicaron.

La crisis en el Gobierno del islamista Abdelilah Benkiran estaba abierta.

Las imágenes de los operarios drenando con esponjas y baldes el terreno de juego del estadio Príncipe Moulay Abdellah de Rabat en el descanso y en la prórroga del encuentro de cuartos entre el campeón de la Concacaf y el WS Wanderers de Australia (3-1), a causa del diluvio que cayó el sábado 13 sobre la capital de Marruecos, habían dado la vuelta al mundo y llenado de estupor y vergüenza a buena parte de los marroquíes. Fox News abrió sus informativos con las imágenes de Rabat. Como apuntó alguien, más que un estadio de fútbol, “parecía un campo de arroz”. La FIFA actuó con rapidez. Emitió un comunicado pocas horas después, anunciando la suspensión de la semifinal del Madrid, trasladándola a Marrakech.

El precio de las entradas se disparó en Internet

De la decisión del máximo organismo del fútbol mundial, se derivaron dos consecuencias negativas: muchas de las 45.000 personas (aforo del Moulay Abdellah) con entradas en los bolsillos para ver el Cruz Azul-Madrid, nada más saber que no se jugaría en Rabat, sino en Marrakech, las pusieron a la venta en Internet. Su valor se duplicó en minutos. Un billete de categoría 1, cuyo precio oficial era de 1.200 dirham (109 euros), alcanzó los 2.000 dirham (182 euros). Otros, que habían comprado las entradas en la reventa, perdieron cientos de dirham al revenderlas más baratas, o al devolverlas en los puntos de venta. En Madrid, muchos madridistas que pensaban asistir al partido –cerca de un millar–, también anularon el viaje. El escándalo se agigantaba a cada hora en Marruecos.

Al día siguiente se formó un comité de crisis en el Ministerio de la Juventud y el Deporte, en el bulevar Mohamed V de Rabat. Participaron representantes del departamento de Ouzzine, Interior, Finanzas e Infraestructuras. Caras largas y de preocupación. La reunión interministerial, además de acordar el inicio de una exhaustiva investigación para depurar todas las responsabilidades, se cobró tres cabezas: las de Karim Akkari, secretario general del Ministerio de la Juventud y el Deporte; Mustapha Azeroual, director de Deportes; y Said Izka, director del complejo Moulay Abdallah.

Mohamed Ouzzine, de 45 años y ministro desde 2012, creyó que con tres ceses había parado el golpe político y social. Se equivocaba, y mucho. El martes acudió al Grand Stade de Marrakech. Como ya hemos escrito más arriba, fue recibido como un apestado por miles de marroquíes ansiosos por ver al equipo de Ancelotti. En ese momento, las especulaciones y el motivo por el cual el césped del estadio Príncipe Moulay Abdallah se había convertido en una pileta de waterpolo, bullían en las redacciones periodísticas y en los centros de poder del país. El bochorno, la vergüenza y la indignación por la imagen dada por Marruecos por televisión en la apertura del Mundial de Clubs, era general. Aunque la prensa internacional aún no estaba al cabo de la calle de lo que sucedía. Se sabría el viernes 19: la exclusiva en España la dio Pedro Pablo San Martín, en As.

El Movimiento Popular amenaza con dejar el Gobierno

El cambio de sede de la semifinal del Mundialito fue uno de los asuntos importantes que trató el Consejo de Gobierno marroquí en su habitual reunión de los jueves. La presidencia del Ejecutivo recae en el islamista moderado Abdelilah Benkiran, del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD). Benkiran, de 60 años, arrasó en los comicios de noviembre de 2011, aunque sin lograr la mayoría absoluta. Inicialmente formó Gobierno con el conservador Istiqlal –la segunda fuerza política de Marruecos–; el Movimiento Popular (MP) –partido liberal-conservador al que pertenece Ouzzine–; y el izquierdista Partido de Progreso y Socialismo (PPS). En julio de 2013, sin embargo, el Partido Istiqlal abandonó el Gobierno, acusando a Benkiran de “mala gestión”.

Al parecer, en el consejo de ministros, el titular de Planificación Urbana y Territorial y secretario general del MP, Mohand Laensar, amenazó al presidente con salir del Gobierno si su compañero, y correligionario, caía de la cartera de Deportes. A Abdelilah Benkiran no le quedó otra opción que respaldar a Mohamed Ouzzine, si no estaba ya decidido a hacerlo. Por la noche, la oficial Agencia Marroquí de Prensa (MAP) soltaba la bomba informativa: el rey Mohamed VI –que se encontraba desde hacía tres semanas en Abu Dabi–, ante las “irregularidades” acaecidas en uno de los partidos de cuartos de final de la Copa del Mundo de Clubs, había dado instrucciones al jefe del Gobierno para que abriera “una investigación profunda y exhaustiva” para determinar las responsabilidades de la chapuza del estadio de Rabat. Además, ordenó a Benkiran que suspendiera de sus funciones al ministro de Deportes hasta que la investigación se sustanciara, y que prohibiera a Ouzzine asistir a la final de Marrakech entre el Real Madrid y el San Lorenzo de Almagro (2-0). El oficialista Le Matin publicó el comunicado en su edición del fin de semana. Si quedaba alguna duda, se despejó definitivamente. En el reino de Marruecos ya no se hablaba de otra cosa.

Cuentan que cuando Mohamed Ouzzine conoció la decisión del monarca alauí, lloró amargamente, y apagó sus teléfonos móviles.

Ibergreen Césped Natural dice que alertó de los riesgos

En un primer momento, Ouzzine culpó del desaguisado del estadio Moulay Abdallah de Rabat a Ibergreen, la empresa española con la que contrató la instalación del césped a través la firma local Valtech, empresa fundada por el francés Raphael Castro; Valtech tiene en Marruecos el monopolio de los campos de golf y fútbol. Se da la circunstancia de que en España hay dos empresas con el mismo nombre y dedicadas a la misma actividad. Una de ellas está en la localidad madrileña de Majadahonda, y es propiedad de Rafael Vizán desde hace 33 años. Aunque nada tiene que ver con el asunto, el escándalo le ha ocasionado más de un malentendido.

El suministro y colocación de los tepes de la variedad mezcla verd del estadio Moulay Abdallah ha corrido a cargo de Ibergreen Césped Natural, con sede en Sevilla. Esta empresa ha trabajado para el Real Madrid, Valencia, Real Betis, Sevilla, Recreativo, Gimnàstic de Tarragona, Málaga, Eibar y Sporting de Gijón, entre otros clubs. Diario Gol se puso en contacto con Ibergreen Césped Natural para conocer su versión de los hechos, sin obtener respuesta. La empresa andaluza, no obstante, ha asegurado que alertó de los riesgos que asumían los marroquíes al implantar una variedad de césped diferente a la que usaron en los campos de entrenamiento de Rabat, donde entrenó el equipo blanco el lunes 15, y que el problema radicaba en el drenaje del campo, mal construido.

En el multiusos Príncipe Moulay Abdallah juegan habitualmente sus partidos de la liga marroquí (Botola) los equipos FAR y FUS, de Rabat, y es sede de los leones del Atlas, la selección nacional. Se inauguró en la pasada final de la Copa del Trono entre el FUS y el Renaissance Berkane (2-0), y ya entonces surgieron críticas muy ácidas sobre la idoneidad del recinto deportivo. Ahora, las dudas y suspicacias se han extendido a la inversión económica de la remodelación del estadio, iniciada sólo cinco meses antes del inicio del Mundialito. La obra costó 27 millones de dirham (2.3 millones de euros); y la instalación del césped –“igual como el del Real Madrid”, exigió el licitador–, supuso 5.3 millones de dirham (459.750 euros).

Al parecer, algunas actuaciones han violado la ley marroquí sobre contratación pública.

Sospechas sobre el coste de las obras del Moulay Abdallah

La entrega del Moulay Abdallah estaba programada para el día 13 de enero de 2015. Aun así, el ministro Mohamed Ouzzine decidió que se jugara la final de la Copa del Trono, presidida por el príncipe heredero Moulay Hassan. El césped no estaba listo.

El digital marroquí Le360 apunta, por otro lado, que el coste unitario del estadio Príncipe Moulay Abdallah (52.000 espectadores) “sobrepasa los 700 dirham (63,7 euros) por asiento”, cuando por menos dinero (227 dirham/unidad, 20,6 euros) se ha proporcionado estadios a Marrakech y Tánger (90.000 espectadores). “¿Cómo es que la misma compañía ofrezca los mismos asientos a un costo que se multiplica por tres, sin que nadie mueva un dedo?”, se pregunta el portal generalista.

Otro dato que llama poderosamente la atención es el hecho de que en el coliseo de Rabat se hayan jugado tres partidos del Mundial de Clubs –la eliminatoria previa entre el Mogheb Atlético de Tetuán-Auckland City (0-0, 3-4 penaltis), y los dos partidos de cuartos: Sétif-Auckland City (0-1) y Cruz Azul-WS Wanderers–; y antes, la final de la Copa del Trono, sin respetar las estrictas normas de la FIFA sobre la materia. El organismo que preside Joseph Blatter establece que la entrega final de los campos de fútbol sólo será efectiva a los tres meses de su finalización, con la obligación de organizar un partido para certificar que no hay defectos. El periodo de garantía es de seis meses.

Parece claro que no se han cumplido los plazos en el caso del estadio Príncipe Moulay Abdallah de Rabat, y dicen que se ha debido a las “presiones” del Ministerio de la Juventud y el Deporte.

“¡Humillación! Ouzzine debe dimitir”

Mohamed Ouzzine está en la cuerda floja. La sonrisa del régimen puede tener los días contados. El semanario Le Reporter, próximo al conservador Partido Istiqlal, no ha tardado en pedir la dimisión del responsable de deportes marroquí. L'Humiliation! Ouzzine doit démissionner. ¡Humillación! Ouzzine debe dimitir, titula en portada. “Lamentable gestión y una gran broma la ofrecida por Ouzzine a todos los marroquíes como regalo de fin de año”, escribe en el interior Hamid Dades.