Cristiano Ronaldo, ese aspirante al Churruca de Pérez Galdós

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Era una jornada más de la Liga. Los locos horarios hacen que se avance lentamente paso a paso cada fin de semana. Al final, el Barcelona vuelve a ganar y sigue encabezando la clasificación. El Real Madrid parece ponerse a paso. Mallorca y Rayo Vallecano pugnan por mantenerse como revelación. Una pieza clásica en los inicios de la La Liga... pero no era la noticia del día. Ayer supimos que alguien del fútbol está triste.

Cristiano Ronaldo sorprendió con sus declaraciones tras su doblete ante el Granada. “No celebré los goles porque estoy triste. No voy a decir el motivo. No sé si durará mucho o no", dijo enigmático. "La gente de dentro del club sabe por qué. Es a nivel profesional. Yo no puedo decir nada más". Obviamente, alguien que gana millones al año –en un país donde no es habitual-- puede estar triste. No todo es dinero en la vida, ni la vida es sólo dinero. En ese sentido es libre de ser feliz o infeliz con su dinero y su vida.

El triste semblante fruncido por Ronaldo recuerda a los “Episodios Nacionales” de Pérez Galdós. Allí donde el héroe Churruca al mando de la nave San Juan en la batalla de Trafalgar fallecía en batalla: “Él dirigía la acción con serenidad asombrosa. Comprendiendo que la destreza había de suplir a la fuerza, economizaba los tiros, y lo fiaba todo a la buena puntería, consiguiendo así que cada bala hiciera un estrago positivo en los enemigos. A todo atendía, todo lo disponía, y la metralla y las balas corrían sobre su cabeza, sin que una sola vez se inmutara. Aquel hombre, débil y enfermizo, cuyo hermoso y triste semblante no parecía nacido para arrostrar escenas tan espantosas, nos infundía a todos misterioso ardor, sólo con el rayo de su mirada”.

Pero a Churruca el rayo de su mirada se le difuminó unas líneas más tarde. Todos los héroes son sustituibles cuando en el ardor de la batalla son incapaces de luchar contra su inmortalidad, real o imaginaria. Hay y habrá muchos rumores sobre lo que quería decir Ronaldo. Seguramente algunos fundados y otros infundados. Nadie dude que si hubiera una explicación oficial puede ser tan cierta o tan falsa como el fragor de la batalla de Churruca. Porque en las batallas lo que prima no es el mensaje sino el fin.

Ronaldo debe jugar en el campo. Puede estar triste o no, ese es su problema. Pero jamás, como miembro de un equipo, debe trasmitir la sensación burlesca de jugador a lo Lazarillo. Imaginemos a Churruca al mando de su San Juan que ante el fragor de la batalla insinuará a la tropa que el Capitán General sabe que está triste. ¿Qué podría exigir luego? Con esas declaraciones Ronaldo ya no sólo demuestra que no está en la estela de héroes sino que se descalifica para capitanear ninguna nave.

Jugar a héroe, a lo Churruca, en el mundo de la comunicación es un síntoma de prepotencia. Hablar de tristeza en una España triste puede ser hasta una falta de respeto. Por ello, bien debería enseñar el Real Madrid a este jugador que las batallas no las gana o pierde sólo Churruca, sino una nave bien armada, un orden bien establecido, y una dirección que mande y ponga orden. Mourinho debe llamar al orden a su Churruca antes que embelesado por su afán de heroicidad vuelva a estampar su San Juan particular ante un cañonazo enemigo. Será un bien para el Real Madrid, sano para el fútbol, y la Liga, en particular.
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